miércoles, 31 de marzo de 2010

ABIGAIL Y LAS ZAPATILLAS A CUERDA



Amaneció y era un día como todos, de esos en los que te despertás y parece que no va a pasar nada.  Y por un rato no pasó nada, nada raro.  Abigail se despertó, se lavó la cara y los dientes, desayunó y se puso el uniforme para ir a la escuela.  Como cada día su mamá la llevaba mitad caminando mitad flameando.  Habían salido con tiempo, pero a las dos cuadras tuvieron que volver porque Abigail se había olvidado de llevar las ganas de estudiar.
Casi llegando a la escuela, en uno de esos ratitos en los que no flameaba, se tropezó con una piedrita y se le rompió una zapatilla. 
-¡pero qué contrariedad! - dijo la mamá.
-¡pero qué macana! - dijo una señora que pasaba justo por ahí. 
-¡guau! - dijo un perro que también andaba de paso.  Abigail se puso triste porque sus zapatillas le gustaban mucho. 
-cuando salgas te compro un par nuevito – la consoló la mamá.
-bueno… ¿pero las puedo elegir yo?
- sí hija.
Mientras la seño escribía en el pizarrón Abigail distraída miraba su zapatilla rota.  Se le había despegado la suela y ahora parecía que la zapatilla tenía una boca.  En el recreo se divirtió mucho con sus amigas usando la zapatilla como títere para contar chistes y hacer adivinanzas.  Y así llegó la hora de la salida.
-chicos, no se olviden de traer mañana la nota firmada por sus papis, porque si no, no van a poder venir a la excursión –dijo la seño mientras todos salían
Su grado era casi siempre el último en salir, porque eran los más charlatanes, a Abigail eso no le molestaba mucho, porque era la más charlatana, pero ese día estaba con ganas de salir para que la mamá la llevase a comprar sus zapatillas nuevas.  ¡Qué sorpresa se llevó cuando no la encontró afuera de la escuela! En lugar de la mamá estaba el tío.
-¡hola corazón!-dijo el tío muy contento
-¡hola tío!-contestó Abigail mirando para todos lados por las dudas - ¿y mi mamá?
- se quedó trabajando un rato más… pero me pidió que te lleve a comprar zapallitos ¿o eran zapatillas? Bueno por las dudas compramos las dos cosas…
-zapatillas tío, mirá.- dijo Abigail mostrándole el pie con la zapatilla/títere.
-mmm… dejame a mí que me parece que te las puedo arreglar, pero voy a tener que comprar algunas cosas…
Abigail no muy convencida pensó “le digo que sí, total después mamá me las compra”.  Y así el tío la llevó cococho hasta la casa.  Abigail se quedó esperando mientras el tío iba a la zapatería a comprar lo necesario.  El problema fue que la zapatería estaba cerrada, la zapatillería también, lo único que estaba abierto eran la relojería y la tienda de computadoras.  Cuando el tío volvió se encerró en su tallercito con las zapatillas de Abigail.  Tac, tac, tac se escuchaba el martillo. Srrr, srrr, srrr se escuchaba el serrucho.
Cuatro horas después se abrieron las puertas y salió el tío con un par de extrañas zapatillas que apenas se parecían a las que habían entrado para que las arreglen.
-¡están muy feas tío! – dijo Abigail al verlas.
-¡guau! – el perro de la casa, que sabía mucho de zapatillas porque le gustaba morderlas, estaba de acuerdo.
- ¡pero si están buenísimas! – Las defendió el tío – mirá les puse unas teclas que te van a venir bárbaro y también les puse una cuerda de lo más bonita en el empeine por si te cansas de caminar.  Usalas un tiempito y si no te gustan te compro un par nuevo. ¿Sí?



La verdad es que las zapatillas estaban bastante fuleras, pero para que el tío no se ponga triste Abigail las aceptó y las empezó a usar en ese mismo momento. 
Al otro día era viernes y mitad caminando, mitad flameando Abigail llegaba a la escuela de la mano de su mamá.  Con la nota de autorización recién firmada subió al micro y empezó a cantar con sus compañeros.
-¡chofer chofer apure ese motor que en esta cafetera nos morimos de calor!
El viaje fue largo pero divertido, salvo para el chofer que no estaba de acuerdo en que su micro fuese una cafetera.
En el camping había chicos de otras escuelas también. El campo era hermoso y se divirtieron muchísimo todos.  Jugando, corriendo, saltando, haciendo bromas y charlando se hizo la hora de volver a los micros.  Cada maestra llamó a sus alumnos y los contó para que no le faltase ni uno solito.  Justo en ese momento a Abigail le dieron ganas de ir al baño y su maestra no se dio cuenta porque por error contó a una nena de otro micro. Cuando Abigail salió del baño ya los micros no estaban más.
Nunca se había quedado sola y se asustó mucho, mucho, tanto que se puso a llorar. Estaba en lo mejor del llanto cuando se acordó de lo que le había dicho el tío y se puso a mirar las zapatillas.  En el costadito de adentro tenían varias teclas con dibujitos y en el empeine una cuerda dorada, de esas que tenían los relojes de antes.  Tocó una tecla y no pasó nada.  Ya estaba por llorar de nuevo cuando se le ocurrió darles cuerda, por las dudas… trrrek… trrrrek… trrrrrek…
-con tres vueltas debe alcanzar –pensó. Y pensó bien porque enseguida se iluminaron las teclas de las dos zapatillas y se escuchó un ¡bip pip!
-a ver que hace esta tecla –clic hizo la tecla que tenía una ruedita dibujada y tres ruedas redondas salieron de la parte de debajo de las zapatillas.  Clic y las ruedas se volvieron a plegar.
-a ver que hace esta tecla –clic hizo la tecla que tenía una llamita dibujada y de cada talón salió un pequeño propulsor como los de los aviones a propulsión (pero tamaño zapatilla).  Antes de que se encendiera, Abigail apretó de nuevo la tecla y mirando la que le quedaba sin apretar se puso muy contenta otra vez, porque esa tenía dibujada una casita.
Trrrek… trrrrek… trrrrrek… trrrek… trrrrek… trrrrrek… 6 vueltas más.
Clic ruedas afuera… clic en la casita… clic en la llamita y fffhhhssssss!!!! Abigail estaba en el camino a casa más rápido que el correcaminos.  El micro de la seño y los chicos estaba a mitad de camino cuando la seño se dio cuenta de que le faltaba Abigail.  El micro estaba dando la vuelta cuando fffffhhhhsssssssssss!!!! Pasó la niña cohete a toda velocidad.  Un par de fffhhhsss! Más y Abigail llegó a la casa del tío que la estaba esperando con una chocolatada y la mamá con un par de zapatillas más lindas pero menos especiales.  Por supuesto Abigail con el cambio de zapatillas no quiso saber nada.
Fin

1 comentario:

Carito dijo...

que hermoso cuento!! me emociono hasta las lagrimas!!